El escepticismo desesperado

July 29, 2016

 

La falta de verdades absolutas no debe inducirnos a un relativismo indiferente.

 

 

E n su magistral Libro ¿Qué son los valores?, Risieri Frondizi desarrolla de manera sencilla una constelación de problemas en torno a los valores y la axiología. Uno de los más complejos y controversiales en la axiología contemporánea, concierne a la escala o jerárquica de los valores.

 

Muchos filósofos confunden la existencia de una escala con una tabla fija, inmutable y absoluta; al rechazarla niegan toda tabla. Es importante partir de una premisa indiscutible: el hecho de que exista alguna clase de ordenamiento jerárquico no necesariamente significa que sea fijo y absoluto; puede sufrir cambios similares al de los valores; el tipo de jerarquía depende de la naturaleza del valor. Partamos de la realidad cotidiana. Todos consideramos que hay cosas, acciones, hombres e instituciones que valen más que otras, no identificamos “lo mejor” con nuestras preferencias personales y subjetivas. 

 

Eso mismo acontece también en las comunidades y sociedades que reconocen un orden jerárquico, aunque no sea simple, coherente y estable. Por su propia naturaleza la noción de lo “bueno” implica la de “mejor”. Quien niega la idea de “mejor” tiene que negar la exis-tencia de lo “bueno” y lo “malo”, pues mejor significa “más bueno”. Si no hubiera desde el punto de vista pragmático, ―que no excluye lo científico― una jerarquía de personas, actividades y cosas, no nos esforzaríamos por mejorar, careceríamos de aspiracio-

nes, ideales, la educación, las reformas morales y la política. En la realidad cotidiana hay posibilidades de ascender de un valor bajo a uno más alto, de lo “malo” a lo “bueno” y de éste a lo “mejor”.

 

Esta posibilidad es lo que justifica el esfuerzo de individuos, grupos, naciones por superar la pobreza, el hambre, la injusticia social, la rutina, la ignorancia y la esclavitud. Sólo el hecho de admitir que existe

alguna clase de ordenamiento axiológico, ya se ha dado un gran paso. Por ejemplo, hay filósofos como Max Scheler que propuso una tabla de valores a priori que no puede ser alterada por la experiencia, es decir, inmutable y absoluta, en tanto que otros como Bergson utilizó la intuición para descubrir las esencias y proponer una tabla de valores distinta a Max Scheler. En la realidad las dos tablas propuestas tienen más coincidencias que diferencias; corresponden a las circunstancias históricas y sociológicas del lugar en que cada uno creció. Una verdad indiscutible es que las tablas varían con los cambios que sufre la persona en su entorno y circunstancias del país en que se desarrolla (tradiciones, costumbres, religión, etc.). Todo ello revela que las tablas jerárquicas son muy relativas, que derivan de la experiencia de cada uno de ellos.

 

El problema de la jerarquía depende, como es natural de la concepción subjetiva que cada uno tenga del valor. Así, la determinación del grado de jerarquía de un valor debe atender en primer lugar a las reacciones del sujeto, sus necesidades, intereses, aspiraciones, preferencias y demás condiciones fisiológicas, psicológicas, sociales y culturales (criterio subjetivo). En segundo término, debe tomarse en consideración las cualidades intrínsecas del objeto, es decir, de las propiedades del propio objeto, por ejemplo, si tuviéramos que escoger cual de las dos anteriores es mejor, la mera preferencia no sirve como criterio para determinar la jerarquía del valor; lo que le confiere valor son los hechos o las razones en que se apoya y que convierte a un objeto en preferible; advertir que la relación entre el sujeto y la cualidad objetiva es íntima. El tercer factor que hay que tomar en consideración para determinar lo mejor es la “situación”. Si varían las condiciones en que se da la relación del sujeto y el objeto variaría lo “preferible”. Esto es, el valor que se atribuye al objeto, hay circunstancias que influyen, en tanto que otros lo modifican fundamentalmente.

 

Es importante insistir en la complejidad de elementos que hay que tomar en consideración, al querer determinar qué es mejor en un caso concreto; el que tiene menos estabilidad es el sujeto, la corriente viven-cial está en permanente cambio, aun cuando parezca que la vivencia se mantiene, varía de intensidad y de motivos, como ocurre con el interés, como también cambian las necesidades del sujeto, ya sean fisiológicas o sicológicas. A un sujeto que se le anuncia la inminente muerte por una enfermedad terminal y logra salvarse, invariablemente el resto de su vida, cada momento, cada instante de su sobrevivencia, le dará un valor supremo, excluyendo y minimizando los cosas y circunstancias de su vida ordinaria de discusiones, diferencias con las otras personas con las que se relaciona, los bienes materiales y un largo y extenso etc., considerándolas nimiedades.

De los tres factores antes indicados, el subjetivismo pone el énfasis en el sujeto, en tanto que el objetivismo, en el objeto. El tercer factor que hay que tomar en cuenta, es la “situación”. Si varían las condiciones en que se da la relación del sujeto con el objeto, variará lo “preferible”. Los criterios fijos y de aplicación mecánica tienen senti-do sólo al concebir una tabla lineal, vertical e inmutable.

En consecuencia, se deben sopesar todos los factores relevantes que integran la totalidad dada por la relación del sujeto “con el objeto”, en una “situación” determinada.

 

En conclusión, la falta de verdades absolutas no debe inducirnos a un escepticismo desesperado o a un relativismo indiferente. La complejidad de la jerarquía de valores planteada, como se advierte finalmente, no admite recetas simplistas. Por ejemplo, si es difícil una decisión jurídica, donde las normas de fondo y de procedimientos están escritas, ¿Cómo se puede esperar que sea sencilla una evaluación moral o estética, o se pueda decidir con la balanza de un mercader o un dogmático?

 

La existencia de lo “mejor” y lo “peor”, es una invitación permanente a la evaluación moral, la tarea constructiva, la lucha contra la injusticia, la ignorancia y la opresión, los valores superiores nos indican la ruta en cada caso, dentro del desarrollo histórico de la humanidad, siempre abierto a la libre obra creadora de la imaginación, la inteligencia y la conciencia del hombre. Como decía Don Antonio Caso gran filósofo, escritor, académico y poeta: “Vuelve a ti, sé tú mejor tesoro. El mundo es la gran ilusión concomitante a tu realidad espiritual: Es uno de los aspectos del espíritu. Saliste ya a la vida y sólo hallaste en ella motivos suficientes para creer que no hay nada más grande que tu propia conciencia.”

Debemos evitar...

 

 

Please reload

Featured Posts

I'm busy working on my blog posts. Watch this space!

Please reload

Recent Posts

December 12, 2018

August 17, 2018

July 6, 2018

February 21, 2018

Please reload

Archive
Please reload

Search By Tags