Adicciones: Una guerra simulada

October 11, 2017

El combate al tráfico de drogas (su oferta), se presenta con frecuencia como una
guerra simulada, pues su origen deviene de las adicciones (su demanda),
problemática acentuada en la mayoría de los países del mundo por considerarla
un negocio, una fuga emocional o una rebeldía social, todas ellas enmarcadas por
la corrupción.

 

El consumo de sustancias nocivas no es nuevo en el mundo y estuvo ligado
inicialmente a chamanismos y curantismos, y posteriormente a desarrollos
científicos y farmacéuticos, sin embargo las consecuencias adictivas de las
mismas (como necesidad física) y los daños a la razón del individuo (sus propias
locuras), derivaron en prohibiciones legales gubernamentales y al mismo tiempo
en su producción clandestina y tráfico.

 

El desarrollo de adicciones tiene entremezclados intereses comerciales, como el
provocado por Inglaterra (UK) en su imposición de leyes de fomento de drogas las
cuales perfilaron las Guerras del Opio. Los beneficios europeos fueron la sesión
de Hong Kong a UK y Macao a Portugal a condición de frenar la brutal inducción
de 1839 a 1842 y de 1856 a 1860.


Otro ejemplo se dio en EEUU cuando reconociendo el alto consumo de bebidas
alcohólicas en los años veinte, se creó la Ley Seca con la prohibición de ventas en
1920-1933 por Enmienda Constitucional, derogada años después de las guerras
contra la Mafia Estadounidense. Pasando ahora en el siglo XXI a la legalización de
la marihuana.

 

El perfil adictivo de la sociedad norteamericana, identificada como una de las más
amplias del mundo, señala morir cada día 91 personas por sobredosis de
opioides.

 

A fin de cuentas las adicciones (causa real del problema) inician siendo un
aspecto conductual y social, para convertirse en su recurrencia como una
alteración genética, en la cual los hijos con frecuencia nacen adictos, por ejemplo
a la heroína. Atienden con estas problemáticas cada unidad hospitalaria en
promedio 23 bebes por día, quienes manifiestan reacciones de abstinencia al
cortar el cordón umbilical.

 

El combate al tráfico de drogas (efecto) se dirige principalmente al proveniente de
México, pero poco se hace en suelo norteamericano para evitar las adicciones,
generándose una inmensa demanda la cual tiene la capacidad de corromper
estructuras sociales e instituciones públicas y privadas.

 

El enfoque debe cambiar, las acciones necesitan replantearse, las medidas
requieren dirigirse a las causas y los programas policiales de combate (efecto)
implican un reordenamiento de las prioridades, donde el país y las naciones
vinculadas a nuestras problemáticas comunes, están obligadas a actuar
conjuntamente y desde la raíz, si en verdad queremos una solución definitiva.


Dejemos las guerras de simulación atrás y tomemos cartas en el asunto sobre las
adicciones, a través de la educación, cultura, información, rehabilitación, ciencia,
comunicación, deporte y desarrollo de oportunidades de empleo y de actividades
recreativas. México puede estar a la vanguardia, todavía no es demasiado tarde.

 

hectorluna2026@gmail.com

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